La ansiedad es definida como el estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, intensa excitación y una extrema inseguridad. En lenguaje popular, en muchas ocasiones oímos a personas que nos dicen estar intranquilas, con una presión en el pecho o en el estómago, con dificultad para dormir... En este artículo intentaremos daros las claves para conocer la ansiedad y poder actuar contra ella.


 La ansiedad es un mecanismo defensivo ante situaciones “amenazantes” y su función es mantenernos alerta, mejorar el rendimiento y la capacidad de respuesta. Se trata de una respuesta adaptativa que nos da la naturaleza, pero no siempre sabemos gestionarla adecuadamente.

La ansiedad contiene un componente emocional que se presenta en el sujeto ante situaciones que interpreta como amenazantes, aunque en realidad no se pueden valorar como tales. Esta manera de reaccionar de forma no adaptativa hace que la ansiedad sea nociva porque es excesiva y recurrente. Nos sucede, entre otras ocasiones, cuando situaciones de nuestra vida, trabajo, familia, etc. nos causan un estado en el que pensamos que no podemos con todo, que las circunstancias nos superan.

El nivel de ansiedad que podemos soportar sin pagar el precio de los efectos colaterales que produce es más reducido de lo que nuestra cultura admite, ya que está basada en la productividad y la competencia. Llegamos a pensar que podemos angustiarnos y sufrir ansiedad sin resentirnos. Al ignorar nuestra limitación en este ámbito y forzarnos a aguantar, ignoramos las señales que nuestro cuerpo nos envía para mostrar nuestro malestar, como mareos, problemas con el sueño, ataques de pánico, temblores...

A continuación veremos algunos de los principales síntomas de ansiedad para reconocerla. No todos se cumplen siempre, pero si detectamos que sufrimos muchos de ellos sería recomendable plantearse acudir a nuestro psicólogo de confianza:

Síntomas emocionales: temor, miedo, irritabilidad, cambios de humor.

Síntomas cognitivos: preocupación, aprensión, pensamientos negativos, anticipación del peligro, dificultades de concentración, sensación de desorganización.

Síntomas fisiológicos: dolor de cabeza, sequedad de boca, sudoración excesiva, hiperactividad, paralización motora, torpeza, temblores, tartamudeo u otros problemas en la expresión verbal, conductas de evitación, síntomas cardiovasculares como palpitaciones o pulso rápido, síntomas respiratorios como sofoco, ahogo o compresión torácica, síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, diarrea o molestias digestivas, síntomas genitourinarios como micciones frecuentes, eyaculación precoz, falta de excitación o deseo.

En los casos en los que la ansiedad no se reduce y se mantiene en el tiempo, si no trabajamos con ella podemos llegar a desarrollar otros trastornos psicológicos asociados, como fobias (agorafobia, fobia social, etc.), trastornos alimenticios o de comportamiento, adicciones, trastornos del control de impulsos, etc. Todos ellos tienen un tratamiento más complejo y que podemos evitarnos si atajamos la situación antes de llegar a este punto.

Por ello podemos tomar una serie de medidas para prevenir la ansiedad o reducirla. A la hora de rebajar nuestros niveles de ansiedad podemos poner en práctica estas claves:

1. Ejercicio físico moderado: permite regular el exceso de activación del sistema nervioso y propicia un cansancio sano y un mejor sueño. Busca preferiblemente un deporte que te divierta. Las actividades físicas o manuales también aportan una estabilidad que se enfrenta a la ansiedad.

2. Sueño: cumple con una higiene del sueño adecuada, acuéstate y levántate siempre a la misma hora, cumple con las horas recomendadas de sueño.

3. Alimentación: moderada en cantidad y equilibrada en calidad ayuda a equilibrar los desórdenes gástricos relacionados con la ansiedad.

4. Desaceleración: intenta reducir el ritmo de nuestro día a día, anda más pausadamente, come más despacio, usa el fin de semana para reducir el ritmo. También es recomendable buscar 15 minutos al día para dedicarte a ti mismo.

5. Planificación: planea tu día a día con una agenda, tus horarios de trabajo y ocio, tus responsabilidades y tareas, y sobre todo tus necesidades, que intentarás cubrir.

6. Técnicas de relajación: puedes acudir a un psicólogo para que te enseñe herramientas y técnicas de relajación, o bien optar por actividades como meditación o yoga.

7. Sexualidad: las prácticas sexuales satisfactorias, procurando una atracción y un cuidado mutuos, también son eficientes contra la tensión acumulada.

8. Actividad social sana: el retiro y el aislamiento no siempre tranquilizan, por lo que debes buscar actividades sociales satisfactorias, informales y divertidas.

9. Ayuda psicológica: el psicólogo aportará las herramientas necesarias para aprender a reducir nuestros niveles de ansiedad, técnicas de relajación, control emocional...

10. Ayuda farmacológica: si los síntomas de la ansiedad o las consecuencias que reporta en trastornos psicosomáticos son demasiado desagradables o incapacitantes, es posible recurrir a una ayuda farmacológica, siempre visitando al médico de cabecera y siguiendo sus recomendaciones.
 
www.larazon.es  06/09/2015
http://www.larazon.es/atusalud/10-claves-para-combatir-la-ansiedad-OD10646811#Ttt1Xh9yL2093YWM