Ministros de Economía y Finanzas, ONG, expertos universitarios y sanitarios analizan estos días en Washington DC cómo poner la salud mental en el centro de las agendas políticas mundiales y nacionales

Los trastornos mentales están aumentando en todo el mundo y, de hecho, se estima que entre 1990 y 2013 el número de personas con depresión o ansiedad ha aumentado en cerca de un 50 por ciento, pasando de 416 a 615 millones de afectados, casi un 10 por ciento de la población mundial.
 
Además, las emergencias humanitarias y las situaciones de conflicto aumentan la necesidad de ofrecer tratamiento a estas dolencias ya que, según estima la OMS, en estos casos uno de cada 5 afectados acabará sufriendo depresión o ansiedad.
 
En este caso, un trabajo liderado por la OMS calculó el coste y los resultados en salud de ampliar en los próximos 15 años (de 2016 a 2030) el tratamiento de ambos trastornos en 36 países de bajos, altos y medios ingresos, centrándose en la atención psicosocial y el acceso a fármacos antidepresivos.
 
Aunque el coste de esta atención podía ascender a unos 147.000 millones de dólares (unos 130.000 millones de euros), vieron que los beneficios podían ser mayores gracias a un aumento de la productividad laboral del 5 por ciento, lo que supondría un beneficio de 399.000 millones de dólares, y a una mejoría de su salud, que conllevaría otros 310.000 millones más.
 
Pese a este beneficio, la OMS denuncia que la inversión que se destina a los servicios de salud mental son muy inferiores a lo que se necesita y, según su Atlas de la Salud Mental de 2014, destinan un 3 por ciento de su presupuesto sanitario, variando del 1 por ciento de los países con menos recursos al 5 por ciento de los más desarrollados.
 
"Aunque en el mundo hay cientos de millones de personas con trastornos mentales, la salud mental ha permanecido en la sombra", ha lamentado Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, que avisa de que "no se trata de una cuestión únicamente de salud pública, sino también de desarrollo" y, por ello, urge tomar medidas ya que "la pérdida de productividad es algo que la economía mundial no se puede permitir".
 
La difusión de este estudio se enmarca en una serie de encuentros organizados por la OMS y el Banco Mundial en Washington DC, Estados Unidos, en los que ministros de Economía y Finanzas, ONG, expertos universitarios y sanitarios analizan cómo poner la salud mental en el centro de las agendas políticas mundiales y nacionales.
 
 Además, los países que han ampliado con éxito la atención a la salud mental se van a exponer las principales trabas que pueden encontrarse y cómo deben superarse. Entre ellos la OMS pone el ejemplo de Brasil que ha creado una red de atención psicosocial; Etiopía, que está ampliando rápidamente su cartera de servicios de salud mental; o Sudáfrica, donde el abordaje de la salud mental ha formado parte de su reciente reforma de la Atención Primaria.
 
"La salud mental tiene que ser una prioridad mundial en el ámbito del desarrollo y de las organizaciones humanitarias, y una prioridad para todos los países", apuntó Arthur Kleinman, profesor de Antropología Médica y Psiquiatría en la Universidad de Harvard (EE.UU) y experto en salud mental.
 
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